El silencio de lo inevitable
Por Dair Joven
Lo inevitable siempre será lo más esperado en el umbral de una irresistible melodía donde resuena la mentalidad de un ser inalcanzable ante la luz de los ojos que con atención anuncian la llegada de una premisa que pocos entenderían si de prestar atención se trata. Pero, conocer una verdad continuará siendo el peligro más inmenso desencadenando en un silencio eterno por los irreversibles secretos bordados a través de un pincel en la mente de quien los posee. Sin embargo, la necesidad de sobrellevar con altura y discreción un aturdidor sigilo, es cargar con el peso irreprensible donde las más oscuras imaginaciones sumergen a un ser humano en el horroroso y bestial acto de mantenerse en el silencio de lo inevitable.
Francisco, quien así se quiso llamar, prefiere glorificarse en su penas y dolores porque sabe lo admirador que ha sido superar cada batalla de su vida, aunque esto no lo dice de su propia boca, lo recalca a través de sus palabras cargadas de valentía, además de lo que su familia expresa al brindarnos un afectuoso abrazo junto con la cordial bienvenida, la cual nos permite viajar a la aventura más extrema de aquel ser extraño en mentalidad, pero inspirando la confianza de ese ser humano que busca exhalar su testimonio de vida a través de alguien interesado en contarlo.
Una taza de café con pan delicioso fue ese primer testigo que nos acompañó desde el inicio hasta el final de una conversación cortés y amigable, embargada de dolor, belleza, color, pero también desilusión. Francisco, es un hombre que se enamora fácilmente, pero que no demuestra su cariño hasta no tener las cosas claras, al menos eso daba a entender hablando un poco de sus amoríos, que no han sido tantos oficialmente, pero que sí de pretendientes se trata ha sido un gran número de quienes aprendió e hizo grandes amistades, y no es de extrañar, pues Francisco demuestra ser un joven amado, además de ser elegante en todas sus acciones, mantiene una dulzura que enamora a cualquiera, asimismo puede confundir con la amabilidad y sencillez que mantiene. El color café claro de sus ojos que a la luz del sol brillan y aclaran más, nos deja ver al hombre entendido, lleno de sabiduría, cargado de ilusión y, además, enfocado en su futuro de vida.
El ego, uno de los defectos que dice tener Francisco, le ha permitido conocer la gloria pero también la mentira de quienes le rodean, de aquellas personas que sólo esperan obtener algo de lo cual no prefiere hablar, mientras nos lleva a su historia más codiciada, no por su dinero, porque dice que nunca lo ha tenido, sino por su vida de retos y desafíos en los cual ha tenido que trabajar incansablemente para lograr lo que quiere, sin embargo cuenta que su niñez estuvo llena de temores, vacíos y discusiones con su propio ser, debido a la ignorancia de los adultos que le rodeaban en aquel momento, quienes le consideraban raro por su comportamiento, muy diferente al típico joven que solo pretende adquirir reconocimiento al tener muchas mujeres alrededor, o al menos eso contaba, de cómo era su pueblo, resentido entre el chisme y la ignorancia, a lo cual sobrevivió dejando un claro ejemplo que seguir adelante solo es posible con valentía, con respeto, sin pasar por encima de nadie y siempre con la frente en alto.
Mencionar el pasado le costó a Francisco conservar las lágrimas, las que se derraman cuando inspiras respeto y dignidad, al saber que, de ser escuchado, te libras de las energías más negativas, pero el momento nos permite entender que es un ser humano sensible ante un pasado irrevocable, lamentable, que sobre todo ha sido luchado con todas las fuerzas para vencer la propia batalla.
El silencio de lo inevitable proviene de Francisco, el joven que nos comentaba su ansiosa vida, del silencio inescrutable al cual ha tenido que acceder durante muchos años, encerrado en lo inevitable de su vida, un sentimiento al cual profiere como el mal de todas sus amarguras, de las cuales ha salido victorioso, un silencio fracturado porque en ocasiones todo ese misterio sale a la luz sin respeto alguno. Inevitable es no sentir que su alma se acongoja al ver que en su interior hay mucho más, lo más profundo conservado para no herir a quienes, según nos cuenta, han esperado mucho de lo bueno, pero nunca un error. Su silencio es fatal, invencible, inevitable, desde entender que alguna vez fue ese niño inocente, confiado en su natural existencia, pero desconociendo lo feliz que sería si su alma no guardara silencios, pues entre la mirada irrisoria nos decía lo mucho en lo cual tuvo que persistir para alcanzar los bienes materiales a su propiedad, pero también se quiebra al anunciar que su vida dio el giro más inesperado al perder todo en lo cual se jactaba, su independencia como adulto, su dureza y valentía, por lo que durante años luchó pero que debió perder para ganar las cosas positivas que quizás hacían falta. En pocas palabras, narró lo fuerte que ha sido lidiar con su ser quebrantado, donde vivió momentos de depresión, desequilibrio mental que lo llevaron a intentar hacer lo impensable, pero manteniendo la mentalidad de que sus seres más amados lo necesitaban, fortalecido en el ser tan valioso en lo cual se había convertido después de tantos momentos de dificultad y también, fortificado por las grandes amistades que a su vida llegaron sin pensarlo, quienes le brindaron el color que hacía falta a su vida, amistades grandiosas que lo llevaron a la más infinita sensación de que lo tenía todo, pero esta vez no era lo material por completo, sino el cariño de unos seres maravillosos que lo salvaron del abismo en el cual estaba.
Siempre será bonito brillar, pero no por lo material, sino por lo que tienes en tu ser, tus sentimientos, fue el mensaje de Francisco, al permitirnos finalizar acomplejados por los momentos tan efusivos y acordes a la situación, pero con un breve mensaje de que no todas las veces tendremos la oportunidad de adquirir la vida de quienes entrevistamos por respeto y empatía, pero sí la enseñanza de que no es apropiado encerrarnos en los problemas y aunque ansiosos de que existiera una continuidad en lo que Francisco le faltó aportarnos, debemos entender que será necesario exhalar lo reprimido de nuestros corazones porque jamás, ni Francisco, ni nosotros seremos capaces de permanecer por siempre en el silencio de lo inevitable.
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